La belleza como acto de resistencia

Hola.

Un poco tarde, pero aquí estamos de nuevo.

Vamos a iniciar este tema con algo que parece estar más de moda que nunca: el aesthetic, o mejor dicho, en español, lo estético. Curiosamente, mientras más se habla de ello, más nos alejamos de entenderlo.

Lo estético no es simplemente “lo bonito”. La estética es el estudio de la experiencia de la belleza, del arte, del gusto y de la percepción de lo sensible. Va mucho más allá de colores neutros, matcha y minimalismo sin sentido.

Y vale la pena entender esto porque puede ayudarnos a darle una dirección más clara a nuestro proyecto. No solamente hablamos de cómo se ve algo, también de cómo suena, cómo se lee, cómo se siente y qué nos provoca experimentarlo. Estoy tratando de resumirlo lo más posible, pero créanme, no se puede. Es una rama completa de la filosofía y no cabe en un par de párrafos.

A lo que voy es que, si dejamos de lado las tendencias y esa necesidad constante de querer estar donde todos están —el famosísimo FOMO— podemos empezar a construir una identidad. No solamente una identidad social, sino también personal, y como extensión de ella, la identidad de nuestro proyecto.

Y aquí es donde empiezan a aparecer muchas preguntas. Trataré de ser lo más directo posible (no lo seré, perdón).

¿Qué es la belleza?

¿La belleza es subjetiva?

¿Qué quiero transmitir?

¿En qué momento el Gansito llegó a 20 pesos?

Todo esto es extraño porque cada autor parece tener una respuesta distinta. Se habla mucho de simetría, armonía y orden, pero también de la experiencia misma de estar presente en un momento determinado, de sentir algo frente a una obra, un paisaje o incluso una canción.

Y eso nos lleva a la siguiente pregunta.

¿La belleza es subjetiva?

La respuesta parece ser sí… y no.

Depende de la época en la que vivamos. En tiempos de los romanos, la arquitectura de los godos era considerada algo tosco, bárbaro y hasta desagradable. Hoy admiramos las catedrales góticas por su grandeza y complejidad.

Podríamos decir entonces que la belleza depende de su tiempo. Pero incluso esa respuesta se queda corta, porque cada sociedad desarrolla sus propios ideales estéticos, influenciados por su historia, sus conflictos, sus creencias y su forma de entender el mundo.

Y eso nos lleva a otra pregunta.

¿Qué quiere transmitir el arte?

Probablemente lo mismo que está ocurriendo en ese momento histórico. Guerras, cambios sociales, enfermedades, avances tecnológicos, crisis económicas, movimientos culturales y un larguísimo etcétera. El arte suele ser un reflejo de todo aquello que una sociedad está viviendo, aunque no siempre lo haga de forma consciente.

Lo del Gansito, por cierto, la respuesta es la inflación.

Teniendo todo esto en mente, podemos empezar a definir quiénes somos y qué queremos plasmar en nuestro proyecto artístico. Vale la pena buscar una identidad propia en lugar de perseguir referencias que ni siquiera representan lo que queremos decir.

Y eso toma tiempo.

Tiempo para probar una idea, abandonarla, probar otra, borrar todo y comenzar de nuevo.

Ese cuestionamiento constante sobre lo que hacemos, por qué lo hacemos y qué queremos expresar es, en gran parte, lo que termina construyendo una identidad. Y con suerte, también nos ayuda a encontrar un propósito un poco más claro sobre lo que somos y hacia dónde queremos ir.

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