La nostalgia como producto de consumo
En estos momentos de mi vida estoy empezando a sentir cierta nostalgia por cosas que viví cuando era pequeño.
Pero no por los juguetes, ni por los videojuegos, ni siquiera por las personas con las que me juntaba. Lo que extraño son las sensaciones que existían alrededor de todo eso.
Esa sensación de que era domingo y todavía tenías tarea pendiente. No es algo que extrañe precisamente, pero sí extraño todo lo que ocurría alrededor. Ir a desayunar con la familia, ver a tus abuelos, que alguno te diera un poco de dinero para gastarlo en la tiendita, comprar unas papas y esperar que saliera un tazo que no tuvieras repetido. Después venía la tarea, preparar la mochila y mentalizarte para el día siguiente.
Hoy esas sensaciones parecen mucho más lejanas. En su lugar hay una urgencia constante por publicar cómo te sientes, aunque realmente no lo sientas, o subir la foto del lugar al que fuiste ayer, aunque haya sido un pésimo evento o te la hayas pasado mal. La foto es lo importante. Lo que cuenta es recibir likes, comentarios y algún tipo de aprobación por algo que quizá ni siquiera disfrutaste.
Y siento que esto mismo ocurre con muchas otras cosas.
A mí me gustan los autos, y durante el último año he visto muy pocas marcas haciendo algo realmente único. Todas parecen querer adaptarse a un mismo molde, a una idea de lo que es “correcto”. Nos venden conceptos como sustentabilidad, responsabilidad social o ser “amigables con el mundo”, aunque muchas veces el resultado real sea exactamente el contrario. Se consumen más recursos, se generan más residuos y se toman decisiones únicamente para encajar en una narrativa que, por si no lo habían notado, vende muy bien.
Con el arte pasa algo parecido.
Muchas obras parecen copias unas de otras. Todo tiene que ajustarse a un estándar impuesto por alguien que nadie sabe exactamente quién es, pero que termina definiendo cómo debe sonar la música, cómo debe verse una fotografía o incluso cómo debe comportarse un artista.
Y al final, se supone que todo eso nos tiene que gustar.
No necesariamente porque nos guste de verdad, sino porque es lo que encaja, lo que ya fue validado, lo que no incomoda demasiado.
Salirse de ese molde suele tener consecuencias. Muchas personas pueden sentirse incómodas con tu trabajo simplemente porque no está alineado con lo que se escucha o se ve actualmente. Dicho de otra forma: probablemente no van a usar tu canción en una historia de Instagram.
También es curioso cómo ha cambiado nuestra relación con la música.
Hoy es más difícil encontrar una tienda de discos que encontrar un vinilo. Paradójicamente, muchas veces es más fácil comprar un LP que un CD. Tal vez porque seguimos buscando, de alguna forma, recuperar esa sensación de la que hablaba al principio.
Los álbumes dejaron de pensarse como una sola obra y comenzaron a fragmentarse en sencillos diseñados para sobrevivir unas cuantas semanas. Esa es una de las razones por las que el CD prácticamente desapareció. Ya no existe esa experiencia de ir por el disco de tu artista favorito, abrirlo, ver el libreto, leer las letras o simplemente sentir que tenías algo entre las manos.
Ahora basta con un par de clics para escuchar la canción nueva.
Claro que siguen existiendo productos físicos y mercancía, pero muchas veces tienen más que ver con convertirte en un anuncio ambulante que con la música misma. Y no me malinterpreten, no tiene nada de malo usar una playera de tu artista favorito. Lo que digo es que, en muchos casos, parece que el negocio gira más alrededor de vender productos que de hacer música.
Así que la próxima vez que quieran escuchar una canción, les propongo algo.
Vayan a comprar un disco. Regresen a su casa, desempolven un reproductor de CD, un Discman o cualquier aparato que todavía funcione, y escúchenlo con calma.
Y si eso ya no es posible, al menos dense el tiempo de escuchar un álbum completo en la plataforma que usen normalmente.
Porque la experiencia de sentarse a escuchar una obra de principio a fin también es una de esas cosas que hemos ido perdiendo sin darnos cuenta.
