La emoción como ingeniería

Hola!

Cuando era más joven creía que solo podíamos ser una cosa en la vida. O eras ingeniero, o eras músico, o eras artista, y todo lo demás quedaba relegado a la categoría de hobby.

Hoy he tenido la oportunidad de estudiar varias cosas y, poco a poco, he aprendido que no tengo que estar en un solo lado. Puedo moverme en esa delgada línea entre lo artístico y lo técnico sin necesidad de escoger un bando.

También me he dado cuenta de que estos mundos están mucho más relacionados de lo que solemos imaginar. Durante toda la vida nos enseñan a separar las cosas, no en vano existen distintas áreas de estudio, carreras, especialidades y profesiones. Sin embargo, cada vez estoy más convencido de que esa separación puede convertirse en una limitante para aprender y, sobre todo, para explorar otras áreas.

En particular el arte, que considero debería estar al alcance de todos y no solamente de unos cuantos “talentosos”.

Después de varios años luchando contra esta idea e integrando poco a poco mi lado artístico con el técnico, descubrí algo curioso: muchas cosas las aprendo más rápido porque tengo más herramientas para relacionarlas con conocimientos que ya poseo.

Hasta aquí lo hemos visto desde la perspectiva de “carrera de verdad” —> “arte como hobby”. Pero, ¿qué pasaría si te dijera que muchas veces funciona mejor al revés?

Es curioso, pero la creatividad es una de las herramientas más útiles para resolver problemas. No solamente para preguntarte “¿cómo sonaría si…?” o “¿cómo se vería si…?”, también para enfrentar problemas técnicos, matemáticos o ingenieriles y eso lo podemos aplicar prácticamente en cualquier disciplina.

En música, por ejemplo, hay una pregunta que recibo constantemente:

“¿Qué puedo hacer para sonar como…?”

Y la respuesta es sencilla y complicada al mismo tiempo. No existe una respuesta única porque hay que analizar muchos factores. Qué instrumento estás usando, cómo lo estás tocando, cuál es el contexto musical, qué papel juega dentro del arreglo y si realmente es viable perseguir ese sonido que tienes en mente.

Porque si estás trabajando con otros instrumentos, también tienes que pensar en ellos. Probablemente no quieras meter una distorsión de death metal en un proyecto de trova… aunque bueno, tal vez sí, pero por ahora no estamos experimentando.

Lo interesante es que la respuesta universal sí existe, pero no es un resultado, es un método. La respuesta es aprender a observar cómo funcionan las cosas.

Si entiendes el proceso, puedes aplicar esa misma lógica para encontrar soluciones distintas en cada situación. Yo sé que puede sonar abstracto al principio, pero una vez que entiendes el “cómo”, empiezas a construir respuestas propias en lugar de buscar recetas.

Nos enseñaron que para ser artista hay que ser libre, espontáneo y enamorado de la naturaleza, mientras que para ser ingeniero hay que ser frío, lógico y calculador, la realidad es mucho menos dramática.

Puedes usar la lógica para crear arte y la creatividad para resolver problemas de ingeniería, de hecho, probablemente ya lo haces sin darte cuenta.

Hay que recordar que somos humanos, changos pelones y sin cola, sí, pero humanos al final. Somos capaces de crear sistemas complejísimos, desarrollar tecnología, inventar herramientas, escribir sinfonías, pintar murales y mandar cosas al espacio, todo usando exactamente el mismo cerebro.

Así que la próxima vez que digas “no soy bueno para las matemáticas”, tal vez deberías reconsiderarlo. porque la canción que acabas de componer probablemente tiene más lógica, estructura y patrones que varios métodos matemáticos que aprendiste en la escuela.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *